Por veredas de sueño y habitaciones sordas
tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos.
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales llamándome y llamándome
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre, tu calle y tu desvelos
si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
si solamente estás donde ya no te busco.
Buenos Aires, Argentina 2005
La mufa
Vos ves la Cruz del Sur,
respirás el verano con su olor a duraznos,
y caminás de noche
mi pequeño fantasma silencioso
por ese Buenos Aires,
por ese siempre mismo Buenos Aires.
Quizá la más querida
Me diste la intemperie,
la leve sombra de tu mano pasando por mi cara.
Me diste el frío, la distancia,
el amargo café de medianoche entre mesas vacías.
Siempre empezó a lloveren la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía una araña esperando entre los pétalos.
Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno y
voceaban la guerra en las esquinas.
Fui una letra de tango para tu indiferente melodía.
Una carta de amor
Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo como un perro que pasa,
una colina, esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
todo eso es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia del mañana,
que el grito de tu entrega se estrelle en la cara de un jefe de oficina,
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
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