Comandas de tequila, luces rojas
Tertulias que se olvidan cuando llega,
la maldita resaca.
Meseras con billetes en la blusa,
Trincheras de una luz semi difusa,
Que les quita la cara a los que esconden secretos personales.
El bar es un hotel medio pelo que le cura el desconsuelo a los que no saben
Qué hacer con el desvelo, como yo.
Papeles por debajo de la mesa,
Cócteles que te alivian la tristeza,
Canciones como dagas en el pecho de la melancolía.
Historias que no van a ningún lado,
Glorias de un pasado tan pasado,
Y mis sueños merodeando suicidados en la vieja tarima.
Yo llevo aquí metido media vida
Y sigo sola y sin salida
Y recordando todas las putas noches.
Que ahí se sentaba él,
Que ahí se enamoró de mí,
Ahí mientras cantaba
Pintaba en servilletas mensajes subversivos
Mientras se las sujetaba.
Ahí se sentaba él,
Ahí se enamoró de mí,
Ahí en esa silla, él,
Un día se aburrió, de mí.
Nicolás se llamaba, que ironía,
Nicolás no buscaba compañía,
Que le durara mas que el after show y el sudor camerino.
Se unió a los delirios del trasnoche,
Se alió a los colirios y al derroche,
Y yo que bauticé de amor lo que era compañía.
Jamás vimos la luna,
porque el bar nunca nos hizo recordar que afuera el mundo
Continuaba, sin nosotros.
Porque ahí se sentaba él,
Ahí se enamoro de mí,
Ahí mientras cantaba
Pintaba en servilletas mensajes subversivos
Mientras se las sujetaba.
Ahí se sentaba él,
Ahí se enamoro de mí,
Ahí en esa silla él,
Un día se aburrió, de mí.
Se me acabó el carisma si me vieras,
Mi voz ya no es la misma si me oyeras,
La noche es una puta divertida, pero cobra factura.
Me fumo otro cigarro y la mañana
Me opaca como barro en la ventana,
y vuelvo como siempre a recordar.
Ahí se sentaba él,
Ahí se enamoro de mí,
Ahí en esa silla él,
Un día se aburrió, de mí.
Un Domingo decidió no regresar,
Y no existe noche en este bar,
Que yo no cante su canción,
Por si regresa.
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