Una noche como cualquier otra, hablando con un imbécil me di cuenta de las cosas que hice mal. Me miré al espejo, eché una miradita hacía tras y honestamente no me gusté. Me sentí horrible.
Me había acostumbrado a ser la victima y vos aquel criminal que no paraba de asesinarme una y otra vez.
Hasta que entendí que hay cosas que suceden porque sí, y misteriosamente también descubrí que tenía el veneno de la venganza encima. Detesto admitir eso, pero fue así.
Podría contarte que muchas cosas cambiaron y siguen cambiando. Día a día no paro de caer en mí misma, sigo conociéndome.
Qué difícil habrá sido para vos.
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